Translate

sábado, 26 de noviembre de 2016

Relato de una purga ideológica en Monforte del Cid (Capítulo V).

Tras una agria campaña electoral se celebraron las elecciones municipales el 24 de mayo de 2015 cuyos resultados son de todos conocidos. Gana el Partido Popular con 5 concejales pero pierde tres, ya que el voto de centro derecha se ha dividido y Ciudadanos, ex afiliados del PP y algunos aún con su carnet debajo del brazo, obtiene dos. Por su parte Izquierda Unida, con el apoyo de Podemos, mejora sus resultados y obtiene 4 concejales doblando su número de concejales y pasando de ser la tercera fuerza política a la segunda y por último, el PSOE empeora aún más sus resultados del año 2011 y pasa de tener tres concejales a quedarse con tan solo dos. Es evidente que los electores castigaron duramente a dos partidos políticos, al Partido Popular y al PSOE, sin embargo, mientras que el primero se va a la oposición el segundo se encarama al poder. Cosas de la política y del politiqueo.

Inmediatamente empiezan las negociaciones entre los tres partidos menos votados y los rumores se disparan mientras en el PP, paralizados aún, se muestran incapaces de mover ficha. La lógica política, al igual que ocurrió en muchos municipios, es que el Partido Popular hubiese buscado algún tipo de acuerdo de gobernabilidad con quien podría ser su socio más próximo, con quienes hasta hace unas semanas supuestamente compartían ideología y se habían quedado con parte de los votantes del PP. Pero llegaran a buscarlo o no ese acuerdo su conclusión era imposible porque lo último que flotaba en el ambiente político era la lógica política. Para algunos se trataba simplemente de vengarse, de cobrarse la cabeza política de la ex Alcaldesa, de sus colaboradores y, de paso, tirar la tapia y a ser posible la casa de su vecino.

Ciudadanos pactó con el PSOE e Izquierda Unida entregar la Alcaldía a la cabeza de lista de la formación comunista y el Gobierno municipal a IU y PSOE. Más adelante entrarían ellos mismos en el Gobierno ya de forma oficial. En cualquier lugar se habría hecho público el acuerdo, los vecinos habrían tenido la oportunidad de conocer el documento que debía recoger el programa de gobierno pactado pero en Monforte del Cid no fue así. Exista o no dicho documento, nunca se ha hecho público y se ha ocultado deliberadamente a los vecinos sentando con ello la gestión municipal o, mejor dicho, el reparto del poder sobre unos cimientos oscuros y vergonzantes.

Así las cosas, el 13 de junio de 2015 se celebró el Pleno de Constitución de la Corporación en el que resultó elegida Alcaldesa María Dolores Berenguer Belló, de Izquierda Unida, con ocho votos a favor correspondientes a Izquierda Unida (4), PSOE (2) y Ciudadanos (2). Y poco después se hizo el reparto de concejalías excluyendo aparentemente a Ciudadanos del mismo, pero en el fondo no era así.

Por lo que a mí respecta llegaba el momento de la confluencia de las dos fobias de las que he venido hablando desde el inicio de este relato: de una parte, el sectarismo y la consiguiente persecución ideológica practicada por algunos de los nuevos gobernantes y, de otra, el veto personal e irracional hacia mi persona de la Portavoz de Ciudadanos cuyo voto era imprescindible para que pudiera gobernar la izquierda. Por supuesto, inmediatamente, al servicio de esa confluencia que se iba a traducir en todo un acoso laboral se sumó un viejo adversario, el Secretario del Ayuntamiento, Marcelo Ricoy Riego, un personaje con el que había mantenido bastantes desencuentros durante los últimos años y al que ya había tenido que denunciar ante la Alcaldesa por acoso laboral. En aquellos momentos yo no estaba trabajando en el Ayuntamiento, sino de baja por enfermedad. No obstante me reuní con los nuevos responsables y me puse a su disposición. Inmediatamente me comunicaron que la plaza que ocupaba, la de Gerente de Servicios Municipales, iba a ser suprimida porque la consideraban innecesaria, algo que ya había anunciado la candidata de Ciudadanos en la campaña electoral, y que iba a ocupar la plaza de Técnico de Administración General que me correspondía. A pesar de saber perfectamente que esta decisión era una parte del precio político del pacto oculto y que no obedecía a la aplicación de criterios técnicos o económicos pensando en el beneficio del pueblo, les hice entrega de dos informes en los que se cuantificaba perfectamente el resultado del trabajo de la Gerencia y de los enormes beneficios que había proporcionado al Ayuntamiento. Si alguien está interesado en conocer esos informes realizados mientras estaba de baja, con mucho gusto se los enviaré y podrá comprobar así la veracidad de mis afirmaciones.

Me comunicaron igualmente que “como había que ahorrar” iba a dejar de percibir el complemento de productividad y cualquier otro complemento. Respondí que mis retribuciones eran legales conforme a los presupuestos, que la productividad se debía abonar o no en función precisamente del rendimiento y que si “había que ahorrar” suponía que la misma medida se aplicaría a todos los empleados municipales o se estaría cometiendo un abuso de poder y un posible delito de prevaricación. Me respondieron que sólo yo iba a estar afectado por esa medida y que a ningún empleado municipal se le iba a tocar la productividad. Podrán decir misa laica si quieren, pero si entre más de cien empleados públicos sólo a uno, por motivos ideológicos, se le elimina de su nómina la productividad, sin medirla, y cualquier otro complemento salarial a eso se le llama discriminación, persecución política, abuso de poder e incluso prevaricación.

A primeros de agosto de 2015, ya dado de alta me reincorporé a mi puesto de trabajo. Ya no tenía despacho porque había sido ocupado por el concejal de personal. Me dijo que podía irme al edificio de enfrente, donde antes estaban los servicios sociales, que estaba vacío. Allí, en el planta baja, ocupaba un despacho el asesor de la nueva alcaldesa, Fran Lifante. Me dijo que él no solía pasar mucho tiempo en el despacho que había elegido en la planta baja y que podía instalarme en él. Así lo hice y él se desplazó al despacho de al lado. ¿Y qué me encontré? Pues un despacho prácticamente vacío, con las paredes sucias, sin pintar desde hacía años, sin teléfono ni ordenador. Recorrí las desocupadas plantas superiores del edificio y encontré una mesa, algún viejo mueble auxiliar, un armario y una estantería. Llamé a los compañeros de la brigada y me bajaron los muebles. Así pues a primeros de agosto inicié mi nueva andadura profesional, en un edificio de tres plantas desocupado, en un despacho destartalado y sucio, sin ordenador y sin teléfono. Me dejaron trasladar las carpetas y archivadores que necesitaba inicialmente, pero el Concejal de Personal me prohibió sacar mis efectos personales de los cajones de la mesa en la que durante 12 años había trabajado si él no estaba delante para vigilarme. El mobbing no había hecho más que empezar.

Santiago de Munck Loyola

No hay comentarios:

Publicar un comentario