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viernes, 28 de octubre de 2016

Relato de una purga ideológica en Monforte del Cid (Capítulo II).


Como señalaba en el anterior capítulo, a la persecución ideológica practicada por algunas personas profundamente sectarias del nuevo Gobierno Municipal, hay que añadir el veto personal y esencialmente irracional hacia mi persona practicado por la Portavoz de Ciudadanos, Mª Teresa de las Nieves Alberola. Veto personal que se ha traducido ya en un daño para las arcas públicas y que corre el riesgo de incrementarse en los próximos meses. Es evidente que su animadversión solo tiene un componente personal y no político. Para lo segundo haría falta que dicha portavoz tuviese ideología o principios políticos y es evidente que, a la luz de su trayectoria y de sus actuaciones, es difícil poder afirmar cuáles son.

Habrá quien se pregunte ¿de dónde proviene esa animadversión, ese odio irracional que nubla el juicio de una persona hasta el punto de no poder separar sus sentimientos personales de su actividad política? Pues el origen está, como medio pueblo sabe, en una medianera, sí, en 20 cm de tapia en disputa entre su padre, Tomás de las Nieves, y su vecino, Ramón Llopis Boyer, primo hermano del marido de la concejala y empleado municipal José Ramón Vicente Boyer. Y es que nunca 20 cm habían dado tanto de si. Han trasladado los pleitos personales y los odios más primitivos no solo a la vida pública, sino al ámbito municipal. Trataré de explicarlo lo mejor posible porque lo cierto es que para cualquier persona normal es francamente difícil de entender. Y, sobre todo, lo más difícil de entender es qué pinto yo en medio de este conflicto y, menos aún, qué pinta mi mujer que nada tiene que ver con las actuaciones municipales.

Para ello, no queda más remedio que situar las cosas y las relaciones en un determinado contexto familiar y echar la vista atrás. Como decía antes, la Portavoz de Ciudadanos está casada con un sobrino lejano de mi mujer, José Ramón Vicente Boyer (en adelante JR), funcionario interino del Ayuntamiento de Monforte del Cid. Aunque el parentesco es lejano, el abuelo de José Ramón Vicente Boyer era primo de mi suegro, lo cierto es que la relación entre mi mujer y la familia de su padre en Monforte del Cid ha sido bastante estrecha, dado que era la única familia paterna existente, y, en especial, con Francisca Boyer, que en Paz descanse, y con su hermana, Josefina Boyer, madre de JR, como lo ha sido para mi desde hace más de 30 años. Algunos veranos, cuando mi mujer era una cría los pasó en Monforte del Cid con esta familia y aún recuerda cómo la abuela de JR, “La Leona”, le mandaba “cuidar” de los novios, los padres de JR, cuando salían a pasear. Relación familiar que se incrementó a partir de instalarnos en Alicante.

Vergonzosa imagen de la política municipal proyectada en los medios.
En 2013, a raíz del inicio de las obras de construcción de una vivienda en Orito por parte de Ramón Llopis Boyer, primo de JR, se desata toda una guerra personal y judicial entre los dos vecinos, Ramón Llopis de una parte y Tomás de las Nieves, su hija y su yerno. La disputa se genera en un principio porque el Sr. de las Nieves acusa a su vecino de haberse apropiado de la medianería, unos 20 cm, y después se amplía a otros extremos llegando, incluso, al ámbito penal. Por aquel entonces recibí en varias ocasiones al Sr. de las Nieves y a su mujer en mi despacho y escuché hasta la saciedad todos sus argumentos. Llegué incluso a visitar su casa, acompañado por otro funcionario, para comprobar in situ los supuestos desperfectos causados por las obras de su vecino quien, por cierto, ya había ofrecido por escrito hacerse cargo de todas las reparaciones. Dada la amistad y la relación familiar existente, hablé con las dos partes para ofrecerles una negociación que pusiera fin al litigio antes de que las cosas fueran a más y terminasen en los tribunales. Los dos aceptaron, pero cuando llegó el día de la primera reunión el Sr. de las Nieves ni siquiera contestó al teléfono. Visto el enconamiento de las posiciones decidí permanecer al margen de la disputa, como no podía ser de otra forma.
A todo ello hay que añadir una circunstancia más, una hija de Ramón Llopis formaba parte del Gobierno Municipal lo que añadía más tensión al asunto ya que el primo de su padre, JR, también estaba en el Ayuntamiento y nada menos en la Oficina Técnica, cuyos componentes habían dado el visto bueno a las licencias concedidas. A pesar de intentar mantenerme al margen de la disputa y de defender, por supuesto, la legalidad de las actuaciones del Ayuntamiento fue imposible evitar que a veces terminara por salpicarme algo. En cierta ocasión, me llegó la queja de que JR había sacado del Ayuntamiento papeles pertenecientes al expediente de la licencia de concesión de obra del vecino de su suegro, su primo. Le llamé a mi despacho y en tono cordial le dije “José Ramón me han dicho que has sacado del Ayuntamiento papeles del expediente ¿Cómo se te ocurre hacer algo así?” Y me respondió “sólo saque unos planos para enseñárselos a mis cuñados y tranquilizarlos, que vieran que todo está bien”. Me limité a pedirle que no lo volviera a hacer.

Sin embargo, a medida que se iba enrevesando el asunto y una vez trasladada la disputa al ámbito judicial, las relaciones se fueron agriando a pesar de estar al margen del conflicto. Un día, me doy cuenta de que Maite de las Nieves y sus hermanos, con quienes siempre había mantenido una relación cordial, me habían eliminado como amigo en facebook. Pocos días después mi mujer y yo asistimos a la primera comunión de una sobrina de JR. Allí había miembros de las dos ramas de la familia enfrentadas por la tapia y se la tensión se masticaba. Nosotros en medio. Maite de las Nieves se acercó a saludar a mi mujer y ésta le preguntó ¡Ah! ¿Ahora somos amigos?. No sé por qué lo dices, respondió Maite. A lo que mi mujer replicó “Es fácil, todo el que no quiere de amigo a mi marido tampoco lo es mio”. Y unas semanas más tarde, mientras iba conduciendo recibo una llamada de Maite de las Nieves en la que me “ordena” lo que le tengo que decir a la concejala, Beatriz Llopis. La interrumpí y con tanta educación como firmeza le señalé que yo no era quien para decir a un concejal lo que debía o no hacer, ni ella era quien para darme órdenes a mi. Todo esto puede verse como simples anécdotas, incluso como simples chismes, pero son perfectamente ilustrativas de cómo se fue formando un caldo de cultivo que ha terminado por tener consecuencias negativas, tanto profesionales para mi, como políticas y económicas para todo un pueblo.

Pero, siguiendo con el relato se llega a un punto de difícil retorno. La familia De las Nieves realizó todo un despliegue de “oratoria” por todos los mentideros de la villa, explicando y reiterando a quien se prestara a escucharla su versión de la disputa y sus legítimas aspiraciones, añadiendo por supuesto todas clase de descalificaciones sobre el proceder del Ayuntamiento y, sobre todo, del de la Alcaldesa a la que ponían y ponen “a caer de un burro”.

JR, como funcionario, procuraba mantener aparentemente una posición de neutralidad. En ese sentido su conducta, salvo algún incidente con su sobrina la concejala, era impecable. Es cierto que estaba sometido a una gran presión y se le notaba. Pero las descalificaciones hacia la Alcaldesa por parte de su mujer y de su familia llegaron a tal extremo que por tres veces la Alcaldesa decidió, aprovechando que el trabajo en la oficina técnica había caído bajo mínimos como consecuencia de la crisis, amortizar plazas de interinos, entre otras, evidentemente, la de JR. En las tres ocasiones me pidió opinión y en las tres le manifesté mi oposición por distintas razones, políticas y humanas. Y precisamente, la última ocasión fue la más tensa.

Un día de 2014, a primera hora, la Alcaldesa me llamó a su despacho y me ordenó que llamase a JR y le comunicase que su plaza iba a ser amortizada. Le expliqué que consideraba esa decisión un error por varios motivos y me negué a hacer esa llamada por no entrar dentro de mis funciones. Entonces me dijo que no me moviera del asiento y llamó a JR a su despacho. Le comunicó su decisión y se enzarzaron en una discusión. Yo en silencio. En un momento dado JR me pidió mi opinión, me negué a darla porque ya se la había dado a quien debía hacerlo, a la Alcaldesa. Pero él insistió reiteradamente hasta que se la dí. …/…

Santiago de Munck Loyola

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